Murió el Isabelísimo, más loco que la cresta pero feliz


En esta ocasión, más que columna, más que editorial, quiero hacer un reconocimiento póstumos a un personaje grande, de esos que pasan por esta tierra y que todos ven, pero que cuando se van casi nadie se entera, y saben por qué, porque son pobres. Me refiero al Isabelísimo, al marcianísimo, al Arcangel caído, o como se llamaba últimamente, la vieja pela. Me refiero al Divino Anticristo.

José Pizarro Caravantes, más conocido como el Divino Anticristo, falleció la madrugada del domingo. Su cuerpo fue encontrado en la calle Marcoleta 328, cerca del barrio Lastarria y Portugal alrededor de las 04.15 horas. La Fiscalía instruyó que personal de la Sección de Investigaciones Policiales (SIP) de la Primera Comisaría de Carabineros esté a cargo de la investigación. Por ahora, se están realizando las pericias necesarias para saber de qué murió este eterno transeúnte de Santiago, al que tuve el honor y la sorpresa de conocer y lamentablemente oler, en uno de mis viajes a Santiago cuando debía defender mi proyecto de título.

Él paseaba con un carro de supermercado, donde llevaba su vida entera, además era muy social y hablaba de la política, la metafísica, filosofía, arte, reencarnación, sobre el nacismo al peo, y de las viejas pitucas. -Aquí reproduzco lo que en su oportunidad dijo, mientras yo me tomaba un café en calle Lastarria y él hablaba alto y claro, como predicando “Las viejas secas, son viejas con plata, pero secas, y se tiran una millonada en ropa en el cuerpo, y siguen feas las weonas, viejas secas pasadas a naftalina”…“Viejas que no las pesca el marido, por eso buscan talleres, juegan brige, se van de compras y hacen cuanta lesera se les ocurre, mientras el marido anda con la secretarisima, regia ella, buena enterita, una riquísima de cuerpo pulpoideo, con 8 piernas que atrapan al marido y no los sueltan, y ojo que tienen piernisísimas, en cambio la vieja tiene piernas no más, y están pa la cagá…rie”

Vestido de falda y con un pañuelo en su cabeza, durante sus primeros años, se ganó el apodo de “la vieja loca” o “el viejo pelao”. Repartía fotocopias de los libros que escribía a mano acerca de política, metafísica y sobre todo del nazismo, pero con c “nacismo”

No siempre fue así. Pizarro estudió en el Liceo Lastarria, y luego en la Universidad Católica de Valparaíso, donde en un principio comenzó su educación en la carrera de Literatura, carrera que cambió por Computación en la Universidad de Chile. También fue voluntario de Bomberos en la Tercera Compañía de Santiago.

1982 fue el año que cambió radicalmente su vida cuando un incendio destruyó la casa donde vivía con sus padres y hermanos; desde entonces hizo de la calle su nuevo hogar. Tras estar internado en la Clínica Psiquiátrica Normita Fournet en 2006, a petición de su hermano Ricardo y la intervención del municipio de Santiago, fue diagnosticado con esquizofrenia paranoide crónica. Luego de dos meses en el recinto, volvió a la calle. Cuando sus adeptos se enteraron que estaba dentro del lugar comenzaron una campaña de presión para que fuera “liberado”.

Una vez de vuelta en las calles de Santiago, cambió además el modo en que se vestía y actuaba. Cambió la falda por pantalones y dejó de vender sus escritos, pero sólo durante un tiempo. Pizarro tiene dos hijos en Alemania, pero nunca se interesó por ellos. El vivió “encerrado por las ideas de su cabeza”. Además fue objeto de obras de arte como “Ustedes y sus pilchas (El Divino Anticristo y su carrisísimo)”, de Diana Navarrete, oleos sobre tela que se encuentran desde hace años en el Palacio de Bellas Artes.

Donde quieras que estés Isabelísimo, te saludo con la parte más pequeña y loca de mi ser, la única que tú podrías entender, ya que según tú, los cuerdos son gente que corre tras el dinero, el poto, y el trabajo que no les gusta, y viven de las apariencias, hasta que llega un infarto de mierda y los mata por weones.

Desde mi corpórea humanidad te saludo, y me arrepiento de no haber comprado uno de tus libros a 2 lucas, putas que me arrepiento Isabelísimo.

Iván Quintana
Director
El Examinador.cl